Las palabras tienen la palabra

es un maleante, un rufián, un pillo, es sinónimo de forajido o malhechor. Puede funcionar como adjetivo o como sustantivo.

Las palabras tienen la palabra

De esas raras veces en las que estoy en un restaurante muy «elegantioso» y de pronto se aparece el mesero mostrando una botella de vino muy arropadita y me dice: «¿qué le parece al señor?» Yo le respondo: «Pues me parece muy bien…» pero no sé a qué se refiere porque no acostumbro a tomar vino y aunque rara vez lo tome, no conozco ni lo más elemental acerca del tema.

Pensando precisamente en disminuir al menos un poco mi crónica ignorancia acerca de la enología -del griego einós que significa vino, la enología es el conjunto de conocimientos acerca de su elaboración- el otro día asistí a una «cata de vinos» y me encontré de pronto involucrado en ese deslumbrante mundo de la vinicultura que resulta ser interesante.

La cata se llama así -como una tía mía que se llama Catalina, pero le decimos Cata- porque es acción del verbo catar que significa «probar algo para examinar su sabor y calidad»; pues resulta que esa cata es todo un ritual. El «sacerdote oficiante» es el sommelier, palabra francesa que designa al tipo que se las sabe «de todas todas» con respecto al vino y es el que te sugiere en un restaurante el vino «apropiado» según lo que vayas a comer.

Solo hay que tener cuidado al hacer la elección porque la botella que le estén recomendando puede ser adecuada a la comida, pero no a su bolsillo. Una botella puede costar 120 pesos o 5000 y aún más, dependiendo de un montón de factores que determinan la calidad y por lo tanto el sabor de su contenido.

Por eso es importante saber calificarlo según el color o tonalidad del líquido, la transparencia, la densidad, el olor y hasta las burbujas que se producen al abrir la botella y servirlo en una copa.

Es asombrosa la cantidad de cuidados que deben tener los vinicultores para producir determinado vino y luego los que lo almacenan, lo distribuyen y aún quienes lo sirven. Empieza desde el tipo y cosecha de la uva que se vaya a utilizar y luego sigue con el proceso de elaboración, con la madera de la barrica, con la forma de la botella y el tipo de corcho que se le pone y hasta con la posición en que debe estar colocada ésta -la botella- para que el vino no se contamine y «evolucione» correctamente.

Halla

¿Cuál es el significado de halla? Si escribimos esta palabra con /-ll/, nos referiremos al verbo hallar(se) que significa encontrar(se). Puede tratarse de la tercera persona del singular del presente de indicativo o de la segunda persona del singular del imperativo. Algunos ejemplos para comprender mejor lo explicado son los siguientes:

  • La oficina central se halla en Lugo.
  • Juan, halla los errores ortográficos de la oración.
  • Parece increíble, pero siempre halla la solución antes que nadie.
  • Laura, sal a la pizarra y halla la hipotenusa de este triángulo.


Así pues, si te preguntas «¿cómo se escribe, haya o halla?» deberás tener en cuenta si quieres referirte a la forma del verbo haber o a la del verbo hallar (encontrar). Con los ejemplos de haya o halla lo verás mucho más claro, así que memoriza algunos.

Cuál es la diferencia entre halla, haya, aya y allá - Halla

Al escribirlo sin la letra /h-/ inicial y con /-y/, nos encontramos ante un sustantivo femenino que significa «mujer encargada en una casa del cuidado y educación de los niños o jóvenes». Algunos ejemplos claros para saber cómo usar este sustantivo correctamente son los siguientes:

  • Mi abuela trabajó como aya durante toda su vida.
  • Ella todavía se acordaba del aya que la había cuidado durante tantos años.
  • Su aya siempre le contaba cuentos e historietas antes de irse a dormir.

Seguro que en más de una ocasión te has preguntado «¿Es haya, halla o allá?» Pues bien, para acabar de despejar tus dudas, te explicamos que «allá», también sin /h-/, con /-ll/ y tilde en la última /-a/, se refiere al adverbio de lugar que designa la ubicación del referente.

Vista en Planta: «Encontré en la ilustración arquitectónica un medio para contar historias sin palabras»

Vista en Planta:

La historia de la visualización en arquitectura ha experimentado diversos cambios a través de los siglos, su intrínseca relación con la arquitectura misma ha detonado manifestaciones y críticas que además de servir como una herramienta para representar el mundo habitado, influyen directamente en la percepción del mismo y en la producción de los objetos construidos. Todo tipo de representación arquitectónica –tenga que ver con el producto final presentado o con el hecho de querer mostrar el proceso de diseño–, está directamente relacionada con un entendimiento propio de calidad, clase, interpretación, intención y significado. Aunque pareciera que existen corrientes relacionadas con algunos movimientos artísticos, cada una tiene su propio sesgo, preferencias, culturas, impulsos económicos, culturales y personales.

Actualmente, resulta interesante la forma en que las nuevas generaciones cada vez se aproximan a tener una mirada que toca los bordes del cine y las artes, conformando la construcción de una escena que se complementa e inspira de otras disciplinas, más allá de quedarse dentro de los límites de la propia arquitectura. Este tipo de visualizaciones abren la posibilidad a explorar el proceso arquitectónico como un ensayo abierto que da lugar a distintas posibilidades y claras ficciones que no pretenden mostrarse como reales. En ArchDaily hemos explorado a partir de diversos artículos las historias de las que se conforma la representación post-digital, sin embargo, queda mucho por explorar del lado de la ilustración específicamente en un país como lo es México en donde desde hace miles de años, el lenguaje visual ha sido un pilar fundamental para estructurar la identidad a partir de historias que conforman el arte, la literatura, la pintura, la danza y la fotografía, entre otras disciplinas.

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