Mujeres paraguayas artífices del cambio y desarrollo permanente

¿Empezó a escribir ya como autoficción o era más como un diario?

Mujeres paraguayas artífices del cambio y desarrollo permanente

Berta Rojas, destacada concertista internacional de guitarra clásica.

El 24 de febrero de 1867, un grupo de mujeres decidieron ofrendar sus joyas a la causa nacional de la Guerra contra la Triple Alianza. Ante dicho gesto por decreto ley del 6 de diciembre de 1974, se estableció esta fecha como Día de la Mujer Paraguaya.

Las mujeres paraguayas van superando obstáculos en todas las áreas, impulsando cambios con la integración a la sociedad y transformando patrones culturales para una sociedad más igualitaria. Cada vez van ocupando más sitios de realce a nivel nacional e internacional, en la función pública, mujeres ejecutivas, estudiantes, artistas, deportistas, etc.

Las mujeres son agentes de cambio y de desarrollo permanente, un claro ejemplo son estas mujeres que demostraron que pueden llegar más allá en el contexto en el que están en desventaja por las barreras estructurales de género.

No encontre palabras

Aida González Rossi

Mi primer poema

Escritora y periodista especializada en Estudios de Género

26 de febrero de 2022 (00:00 CET)

Mi primer poema fue un dibujo de un robot gigante, lo hice sentada en la mesa de la cocina, mi madre revolviendo, mientras, los macarrones, yo arrastrando el lápiz por un folio que tendría que haber usado para las cosas del colegio pero que iba a contener, desde entonces, todas aquellas manchas: un cuerpo de metal largo como una casa y, encaramados encima, un montón de machangos minúsculos. Sin rasgos distinguibles, aunque a mí me pareciera inconcebible que pudieran confundirse. Escribí mi primer poema con las plantas de los pies asquerosas y los pelos engrifados y un vaso de jugo de melocotón delante, sin querer guardarlo luego, los trazos se mezclaban unos con otros y la escena no tenía sentido: era muchas escenas a la vez. No dibujaba para crear un dibujo, sino para jugar mientras lo hacía. Era una historia y yo no la contaba, sino que la hacía nacer: no sé cuánto tiempo pasé así; sí sé que dentro de mí sucedieron entonces muchas cosas que hoy también me pasan.

Ese fue mi primer poema. Un dibujo. Lo boté a la basura, pues para eso había nacido: para entretenerme, para hacerme sentir cosas, para sacarme durante un rato del momento en el que estaba y para meterme, a la vez, de lleno en él, para hacerlo cada vez más grande, yo contemplando su crecimiento, yo trancando (sin moverme) todas las ventanas, puertas, rajas o agujeros de la casa y respirando con mucha fuerza y dejando que las paredes reventaran y haciendo así mi presencia ineludible y, a la vez, algo que se diluía. Poco a poco. Digo que ese fue mi primer poema porque me enseñó una cosa: que escribir un poema es emprender un juego sin sentido, y el resultado final importa precisamente porque el resultado final no importa, porque la búsqueda no busca nada, es un gesto que de repente contemplamos y a través del que contemplamos todos los gestos que hemos construido y repetido, es coleccionar segundos y desplegarlos y enredarlos y escupirles encima y ensuciarlos hasta que sean irreconocibles, es necesitar contar algo y contarlo eligiendo el silencio, es renunciar a la voz y encontrar así una voz de la que no se puede escapar, es falsearlo todo. Para que todo sea real.

Tono-Bungay

En esta novela publicada en 4 entregas que acabó de ver la luz en 1909, el conocido escritor de ciencia ficción H.G. Wells nos deleita con un ensayo que pretende contener todas las disciplinas de su interés: ciencia ficción , realismo, comedia y ensayo sociológico.

Con el pretexto narrativo de la comercialización de la sustancia que da título a la novela, Wells expone su defensa del gobierno de la mayoría proletaria en lugar de un gobierno elitista intelectual. De esta manera, una vez más nos trae aquí un análisis sociológico y una descripción realista de la Inglaterra de principios del siglo XX que caracterizan su obra literaria.
La pertenencia a una clase social y los choques entre clases están plasmados en la figura del protagonista, el narrador en primera persona George Penderevo, un aprendiz de farmacéutico cuya vida está condicionada por la marca de nacimiento que imprime el haber alumbrado perteneciendo a la clase social baja, y cómo el resto de su existencia girará en torno a la superación de esta premisa y su intento de escalar posiciones
en la escala social.

Además de la historia de su vida, George nos hace partícipes de la historia de su tío, el comerciante de este tónico que da título a la obra, Tono Bungay, una sustancia que pese a no tener ningún efecto positivo, gracias a una campaña publicitaria extremadamente inteligente y exitosa ha logrado convencer a toda la sociedad británica de sus propiedades curativas y milagrosas. George se verá en medio de una lucha interna cuando, gracias a ayudar a su tío en la comercialización del producto, se va lucrando económicamente, pese a que, según sus propias palabras: «la venta de Tono-Bungay es un procedimiento completamente deshonesto».

Las apreciaciones de Wells acerca del significado de clase, dinero, publicidad o el poder de los medios de comunicación permanecen asombrosamente vigentes más de cien años después en nuestra sociedad occidental, haciendo de esta crónica acerca de la credulidad y esencia humana una de sus mejores obras literarias. H. G. Wells fue un reconocido escritor y biólogo inglés. Entre sus obras más reconocidas están La Máquina del Tiempo, La Guerra de los Mundos y la Isla del Dr. Moreau. Fue nominado cuatro veces al premio Nobel de Literatura, y predijo el descubrimiento de aviones, tanques, viaje espacial y la televisión satelital años antes de su existencia.

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