Súbale súbale! ¡Hay poemas

La pregunta de los 64 mil. ¿Es negocio? Depende. Por tres horas, entre ventas de ejemplares y propinas yo ganaba más que un salario mínimo actual ($102.68 por día). Si quieres vivir de echarte tus poemas en micros en la CDMX se puede, pero para vivir al día. Si quieres vivir con más holgura necesitas dedicarle más de 3 horas al menos cinco días por semana. Seguramente hay personas que sí viven sólo de esto, pero tal vez lo hagan más horas o días, o tal vez están en rutas fijas donde ya saben que sacan más varo, pero yo recomiendo que sea un ingreso extra. Está chido para hacerlo un día de descanso de tu otra chamba o tal vez hacerlo una vez a la semana cuando regreses del trabajo, en lugar de pagar tu pasaje, pides chance de echarte poemas y así vas desde tu chamba hasta tu chante ganando algo de dinero extra.

¡Súbale súbale! ¡Hay poemas!

Por fin decidiste publicar tu poemario. Tus amigos y tus familiares te lo chulean. Te crees el poeta más chido que ha parido tu ciudad. Sueñas con las firmas de autógrafos, los estadios llenos para escucharte, los premios, los honoris causa, todo el glamour editorial te espera… o nel… ¡sepa! Puede que se te haga o no, nadie lo sabe. La cuestión es que te pongas al tiro porque las mieles literarias no llegarán solas y antes de que lleguen tienes/quieres presentar tus hojitas fotocopiadas y engrapadas por ti mismo, o como tú le llamas, «poemario».

Algo más o menos así me pasó con mi «Coraza», mi primer poemario. Ya lo tenía en mis manos. ¿Y ahora qué?

Los poemas incluidos en «Coraza» tienen un alto contenido de fango de paradero de microbús, ese olorcito de hora pico en verano en el metro, el saborcito de unas quesadillas con queso… en fin, son poemas urbanos, escribidos (sí, escribidos) con habla popular (jerga que le dicen), tienen albures y tratan sobre personajes del folclor chilango. Casi todos los poemas los había presentado en slams de poesía, micrófonos abiertos y algunos centros culturales, sólo les faltaba un pequeño detalle, les faltaba calle.

Decidí subirme a las micros para echarme mis poemas. Y para darle un toque más acá le di forma de gira, tour, al cual llamé pomposamente «La bajada es por atrás». El objetivo era rolar con mis poemas por toda la Ciudad de México, todas y cada una de las 16 alcaldías. Así fue que recorrí desde el Cerro del Chiquihuite (Norte) hasta San Nicolás Tetelco (Sur) y de El Yaqui (Poniente) hasta La Perla (Oriente). Al final no sólo rolé por todas las alcaldías del exDeFectuoso, también pasé por cuatro municipios del Establo de México. Para quien no ubique ninguno de estos lugares, quédese con la idea de que en total recorrí 166.51 kilómetros. La ciudad es, sin duda, un pergamino de poesía.

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